
Estas últimas lluvias que están regando generosamente el país, están provocando la natural crecida de ríos y arroyos y por desgracia están causando daños materiales de diversa índole. La desesperación de las personas que ven inundadas sus casas y destruidas sus posesiones es más que comprensible. Unidas a las imágenes y testimonios de los afectados, los micrófonos y cámaras buscan rápidamente un culpable. Y a todo el mundo le parece evidente que las inundaciones se producen porque el río está sucio, y claman su limpieza y denuncian la desidia de los responsables de la gestión de los cauces (los incendios forestales parecen producirse también por la suciedad del monte). Es curioso que limpiar un rió no sea eliminar los vertidos de aguas residuales, si no a eliminar todo rastro de vida que pueda entorpecer al caudal. Nuevamente la demagogia y la oportunidad política ocupan las portadas de los medios de comunicación.
Las inundaciones no se producen porque los ríos estén sucios, se producen porque cuando hay episodios de precipitaciones excepcionales, el agua recupera su cauce natural y no pregunta por las casas, enseres o infraestructuras.
Como siempre la tragedia se podría haber evitado con una correcta ordenación del territorio. Los puntos inundables se pueden conocer con precisión. Es falso que estos fenómenos catastróficos de inundación no se puedan predecir, lo que no se puede predecir es el cuando, pero si se puede predecir es el donde. El riesgo de inundación debería ser determinante a la hora de planificar los usos del suelo
Por otra parte las labores de “limpieza”, que suelen consistir en eliminar la vegetación, y profundizar el cauce, son medidas a corto plazo que no ayudarán, pues cuando se produzca un nuevo episodio de lluvias excepcionales la situación podrá ser peor, al haber sido ocupado el cauce por especies vegetales oportunistas.
Mantener la vegetación natural de los ríos unido a una correcta ordenación de los usos de los valles en función de los riesgos de inundación, sería la mejor política de prevención. Esto no quiere decir que no se hagan obras hidrológicas de contención en puntos concretos, como en las ciudades y pueblos, pero hay que recordar que la protección ofrecida por estas infraestructuras está asociada a un volumen concreto de caudal. La posibilidad de que ese volumen sea superado, aunque remota, siempre existe y por tanto tarde o temprano se producirá y entonces habrá daños y muy importantes
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