martes, 23 de febrero de 2010

Rios sucios u ocupación del valle irresponsable


Estas últimas lluvias que están regando generosamente el país, están provocando la natural crecida de ríos y arroyos y por desgracia están causando daños materiales de diversa índole. La desesperación de las personas que ven inundadas sus casas y destruidas sus posesiones es más que comprensible. Unidas a las imágenes y testimonios de los afectados, los micrófonos y cámaras buscan rápidamente un culpable. Y a todo el mundo le parece evidente que las inundaciones se producen porque el río está sucio, y claman su limpieza y denuncian la desidia de los responsables de la gestión de los cauces (los incendios forestales parecen producirse también por la suciedad del monte). Es curioso que limpiar un rió no sea eliminar los vertidos de aguas residuales, si no a eliminar todo rastro de vida que pueda entorpecer al caudal. Nuevamente la demagogia y la oportunidad política ocupan las portadas de los medios de comunicación.
Las inundaciones no se producen porque los ríos estén sucios, se producen porque cuando hay episodios de precipitaciones excepcionales, el agua recupera su cauce natural y no pregunta por las casas, enseres o infraestructuras.
Como siempre la tragedia se podría haber evitado con una correcta ordenación del territorio. Los puntos inundables se pueden conocer con precisión. Es falso que estos fenómenos catastróficos de inundación no se puedan predecir, lo que no se puede predecir es el cuando, pero si se puede predecir es el donde. El riesgo de inundación debería ser determinante a la hora de planificar los usos del suelo
Por otra parte las labores de “limpieza”, que suelen consistir en eliminar la vegetación, y profundizar el cauce, son medidas a corto plazo que no ayudarán, pues cuando se produzca un nuevo episodio de lluvias excepcionales la situación podrá ser peor, al haber sido ocupado el cauce por especies vegetales oportunistas.
Mantener la vegetación natural de los ríos unido a una correcta ordenación de los usos de los valles en función de los riesgos de inundación, sería la mejor política de prevención. Esto no quiere decir que no se hagan obras hidrológicas de contención en puntos concretos, como en las ciudades y pueblos, pero hay que recordar que la protección ofrecida por estas infraestructuras está asociada a un volumen concreto de caudal. La posibilidad de que ese volumen sea superado, aunque remota, siempre existe y por tanto tarde o temprano se producirá y entonces habrá daños y muy importantes

martes, 16 de febrero de 2010

Las lagunas de Villafranca merecen ser conservadas


Debido a los crónicos problemas hídricos del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel, ha vuelto a la luz pública el viejo problema de la toma de agua del río Gigüela hacia las lagunas de Villafranca. Este derecho de los habitantes de Villafranca ha sido puesto en duda y se ha intentado eliminar con la escusa de que el agua allí acumulada impedía la recuperación de las Tablas. Nuevamente se ha confundido a la opinión pública, culpando a la detracción de este exiguo caudal de la situación del Parque. Esto nos recuerda que ya se culpó hace algunas décadas a las lagunas fluviales de las márgenes del Gigüela de ser la causa de la situación de las Tablas. En aquella ocasión en un intento deseperado de conseguir a toda costa agua para las tablas, se canalizaron los ríos Gigüela, Záncara y Riánsares, desecando de manera casi permanente todas estas lagunas (Masegar, Laguna de los Santos, El Molino del Abogado, etc) de origen artificial pero que albergaban una gran cantidad de vida. Como era de esperar las canalizaciones no hicieron llegar el agua a las Tablas, pero sí empeoraron de manera evidente la situación general de la Mancha Húmeda. Desde Esparvel queremos manifestar nuestro apoyo a que las lagunas de Villafranca mantengan sus niveles hídricos, y consideramos que la conservación de las Tablas no puede hacerse a costa de la degradación de otros ecosistemas.
Por último, sería muy recomendable la restauración de los ríos canalizados con objeto de restaurar las vegas inundables y las lagunas asociadas, dado que como se ha demostrado nada tienen que ver con la situación de las Tablas.

jueves, 11 de febrero de 2010

Lucha contra el cambio climático, o fachada verde


El grave problema del calentamiento global se ha convertido en el tema ambiental que más preocupa a la sociedad y desde luego el que más portadas ocupa en los medios de comunicación. Los políticos no podían ir a la zaga, todo son esfuerzos, declaraciones y manifiestos en los que se indica claramente la firme determinación por evitarlo. Unidos a esto se crean oficinas contra el cambio climático, gabinetes, consejos, se organizan congresos,... En fin, parece que las únicas acciones para luchar contra el mismo fueran debatir, recopilar y aparecer en los medios de comunicación.
Es paradójico que mientras esto ocurre, se hagan al mismo tiempo politicas y acciones directas que entre otros muchos problemas ambientales promueven la emisión de cientos de toneladas de gases invernadero. Llevamos más de veinte años promocionando conscientemente un modelo urbanístico insostenible desde todos los puntos de vista, que pretende que todos vivamos en urbanizaciones dispersas, alojados en unifamiliares y totalmente dependientes de la autovia más cercana para la realización de las acciones más basicas de la vida. Y es que ese rosario de unifamiliares, son autenticas neveras en invierno y hornos en verano que necesitan unos aportes de energia extraordinarios para hacerlos habitables, lo que unido al diario uso del coche para ir al trabajo, colegio, comprar o cualquier forma de ocio, hace que la energía consumidas sea enorme y desde luego no se compensará con la proliferación de aerogeneradores y huertos solares.
La lucha contra el cambio climatico se ha convertido además en el salvavidas ambiental de los políticos. Ha hecho desaparecer de la actualidad otros problemas básicos y no menos acuciantes, pero con soluciones concretas y al alcance de la mano. Además es el problema perfecto, porque aunque no se haga nada, nadie nos echara la culpa, dado que su solución parece depender de difíciles acuerdos internacionales. Además los efectos drásticos se notarán en el peor de los casos tras varias elecciones, nadie nos pedira responsabilidades. Quizá por ello, el órgano de la administración regional que debe velar por el medio ambiente, se dedica a promover instalaciones energéticas. Mientras tanto la contaminación de las aguas, la extinción de las especies, la pérdida de habitat amenazados, la gestión correcta de los residuos, etc. esperan a que alguien los vuelva a poner de actualidad.

martes, 9 de febrero de 2010

Otra vez las Tablas resucitadas




Una vez más estamos de enhorabuena, tras decadas de sequía, el Parque Nacional de Daimiel, Reserva de la Biosfera, resurge nunca mejor dicho, de sus cenizas y se recuperan gracias a las lluvias. Todos felices, otra vez de nuevo nuestros preocupados políticos se acercan satisfechos a los humedales para hacerse una foto. Ya era hora que cesara la sequia y este vergel de vida se recupere de una vez por todas. Y es que ya hemos vivido al menos tres veces la recuperación de las Tablas, y como se sabía cuando llegan los años con pluviosidad normal, el que viene o tal vez el otro, volveremos a la misma situación anterior. Es decir que los únicos aportes que reciben las Tablas son los de los bombeos de los pozos o los trasvases desde el Tajo hechos siempre tarde, mal y con urgencia.
Y es que desde que el acuífero 23 se sobreexplotó por culpa de los regadíos de la Mancha, la única posibilidad de que las Tablas se inunden de manera natural es que debido a unas precipitaciones excepcionales, los aportes extraordinarios del Gigüela y sus tributarios las inunden, y esto ocurre, como todos sabemos de higos a peras. Por ello, se debería ir haciendo ver a la opinión publica que las Tablas, en la actualidad, son y deben gestionarse como un humedal estacional, es decir que se secarán en verano.
Ya es hora pues que se deje de utilizar la situación del Parque como titular para alarmar a los ciudadanos y escusa de los políticos para tirarse los trastos a la cabeza. Hasta que no se recupere el acuífero, mediante la disminución de los regadíos, la recuperación real será imposible, tal vez se debería reflexionar además sobre las políticas contrapuestas que se esta siguiendo en la llanura manchega, en relación con los regadios. Por un lado se financia la retirada de cultivos y la compra de derechos de agua y por otro se promociona la puesta de miles de hectareas de vides en riego, cuando antes eran secano.
Mal ausunto la gestión del parque que ciclicamente generará malos titulares que claman soluciones que no pueden llegar de manera fácil. El riesgo de descatalogación como reserva de la biosfera de mancha humeda es evidente, hecho este que no tiene precedentes en la historia mundial. No es de extrañar por tanto que el gobierno Regional no parezca tener prisa en asumir sus competencias en la gestión de los Parques Nacionales, tal y como le corresponde.